cada noche

cada noche, un rato antes de dormirme, me convoca la idea de pensar que será la última, que ya no habrá más desarrollo de proyectos ni de ideas, igual que la barrera esa a rayas diagonales amarillas y negras que se instala al final de la vía del tren con esos amortiguadores chorreando grasa para contener el empellón en caso de que la brutalidad de la embestida sea tal, que la ecuación física pueda de alguna manera equilibrar el peso y la velocidad de mi empecinamiento y ver si cuando llega la madrugada son más fuertes que las euforias peleando por rescatarme en esa contienda…  

 

sin dramas, lo digo sinceramente; absolutamente entregado a los designios de cada uno de los árbitros que tienen más de mitología que de sabios; que se manejan a su antojo y con los caprichos de turno, porque no me queda otra; porque hasta ahora lo único que creo que me rescata es la felicidad de crear; y eso mismo me destierra también, porque me separa de lo estrictamente corpóreo muchas veces, sometiéndome a una especie de soledad, que no me permite comunicar lo que muchas veces ni yo mismo logro poder expresar, por mi torpeza, pero creo poder entender, y me encasilla como en una suerte de autismo.

 

sin embargo, la mayoría de esas noches, llevo guardada -como el As de las barajas-, un proyecto, una idea, que será la moneda que pagará al viejo Caronte, quien decidirá mi suerte si vale para un pasaje al Purgatorio (?) o es suficiente soborno para quedarme en este lado de la orilla por un tiempo más…

 

y a la mañana siguiente, como al final de la películas de Chaplin, revolearé el bastón, pegaré un saltito, juntaré los talones en el aire y me iré cantando bajito…

 

por ahora zafamos…

 

en Miami, a los 16 días de diciembre de 2019

 

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every night, for a little while before falling asleep, the idea of ​​thinking that it will be the last one summons me, that there will be no more development of projects or ideas, just like the yellow and black diagonal striped barrier that is installed at the end of the train track with those dampers dripping grease to contain the instep in case the brutality of the onslaught is such that the physical equation can somehow balance the weight and speed of my stubbornness and see if when dawn comes they are more strong that the euphoria fighting to rescue me in that contest ...

 

without dramas, I say it sincerely; absolutely delivered to the designs of each of the referees who have more mythology than wise; that are handled at will and with the whims of the day, because I have no other; because so far the only thing that I think rescued me is the happiness of creating; and that too banishes me too, because it separates me from the strictly corporeal many times, subjecting me to a kind of loneliness, which does not allow me to communicate what many times or myself I can express, because of my clumsiness, but I think I can understand, and It pigeonholes me like in a kind of autism.

 

However, most of those nights, I have saved -like the Ace of the decks-, a project, an idea, which will be the currency that will pay the old Charon, who will decide my luck if it is valid for a ticket to Purgatory (?) or is it enough bribe to stay on this side of the shore for a while longer ...

 

and the next morning, as at the end of Chaplin's movies, I revoke the cane, hit a little jump, with my heels in the air and I sing softly ...