Trilogia: Imagen y Sonido

 

En Noviembre de 2009, tuve el privilegio de realizar una experiencia multidisciplinaria de mi trabajo plastico, conjuntamente con el Maestro Federico Britos y Gabriel Orenstein.
Revisando archivos viejos, me encuentro esta cronica que, creo suponer su autoria pertenece a un amigo pero que tengo que confirmarlo para no cometer errores de pertenencia.
Fue emocionante para mi encontrar este analisis, porque en palabras de otros se capta la intencionalidad del proyecto y ejecucion de una experiencia que, para mi, fue magica.

IMAGEN, SONIDO Y ALGO MÁS…
Las percepciones de la realidad -o la misma utopía de los creadores- a través de un vocabulario nuevo, que se construye entre la evidencia de lo reconocible y el misterio de lo posible, genera puntos de encuentro. Es allí, en esa coincidencia, donde la estructura logra matices de trascendencia. Esta sintaxis plástica se convierte, en el proceso creativo, en un lenguaje que va metamorfoseándose, hasta alcanzar la esencia misma de las necesidades existenciales de cada uno de los artistas participantes. Nuestra tarea, la de los espectadores, es abrir esa carga de fantasía y surrealismo que ocultan las imágenes y sonidos. Es en esa aventura, en la aproximación crítica a la obra, que viajamos por un mundo poético en sus cualidades formales, visuales, táctiles y auditivas. Una sinestesia buscada y aprovechada por los artistas, en el recorrido plástico, que va desde la elaboración de tramas y sugerencias hasta el montaje de la misma propuesta. En el corazón de la Pequeña Habana, Miami, en el amplio espacio de la Alliance Française y Società Dante Alighieri, se materializó, en noviembre, el trabajo grupal de tres conocidos artistas uruguayos. Mario Marinoni, Gabriel Orenstein, ambos artistas plásticos, y el maestro Federico Britos, premiado músico y virtuoso violinista que también reside en el sur de la Florida. Ellos conforman esta ‘trilogía’ de disciplinas y experiencias. La obra figurativa -con un alto grado de iconicidad- de Marinoni, casi monocromática y con una paleta tonal cálida, navega entre los rojos y los ocres. En esa austeridad de color, se sumergen -o reposan estáticos- personajes imaginarios que van relatando historias, en un espacio dramáticamente plano. Enormes telas, con un horizonte sugerido en el mismo volumen, subrayan la realidad de las cosas pero, al mismo tiempo, coinciden con cierto sentido fantástico utilizado por artistas próximos al surrealismo. La sensación de profundidad desaparece, en la composición, después del objeto, en pos del protagonismo de los personajes. En esa síntesis, Marinoni utiliza la línea para contornear sus figuras, creando formas cerradas, definidas, volumétricas y marcadamente simplificadas. Si bien los objetos se asemejan a caricaturas, no dejan de ser realistas o de distanciarse de lo real. La pincelada está prácticamente oculta. El mundo de Marinoni no se estaciona sólo en el plano vertical, con las pinturas. La búsqueda continua fuera de él, con el volumen, con lo tridimensional. Objetos, juguetes, elementos útiles en algún momento, cobran otra dimensión en el proceso de reciclado. Hay un rescate de lo perdido, lo olvidado. Esta recuperación no se da sólo en el orden material; se le establecen nuevas funciones y los objetos se convierten en portadores de mensajes o símbolos en sí mismos. Esta nueva vida se concreta, básicamente, en el plano estético.
“El desafío -en esta investigación plástica- ha consistido en rescatar -objetos- del desecho y del anonimato, conservando sus estructuras básicas; adaptándoles una anécdota y presentándolas al espectador como piezas únicas…” afirma el artista.
La magia de Marinoni es elaborar, en cada tela u objeto-caja, una página para hacer su propio libro de cuentos, en una narrativa recreada plásticamente. En este mundo de entidades recicladas, la exquisitez emerge, también, no sólo de las historias fantásticas de estos personajes ficticios, metáforas, alusiones y parodias, sino de la forma en que se hace este relato. Es una pintura que destila poesía y poemas que se transforman en pura materia pictórica. Allí radica, a mi entender, lo místico que existe en este trabajo. La obra de este artista sirvió, también, de inspiración para sumarle más peldaños a este proyecto, que aún desconoce su propio final. La música se incorpora, casi en forma instantánea, con el primer encuentro entre Marinoni y Britos. La musa aflora y surge una suite para violín solo y luego otra composición, basada en el video-arte de Orenstein. El trabajo de Britos no ha sido sólo una intimidad con su violín o un pentagrama. Su lenguaje ha estado, a través de los años, estrechamente relacionado con las artes en general y particularmente con los muchos artistas plásticos que lo han rodeado. Así como Marinoni hace poesía o relata con su pintura, Britos pinta con su música. Los colores y las notas son vibraciones y tanto el pintor como el músico, componen creando armonía en un espacio determinado. Los dos elementos, pintura y música, no son extraños entre sí. La reunión de Britos y Marinoni permitió el encuentro de ambas vibraciones –o la coincidencia de ambas- en un mismo proyecto.
“Tuve el deseo de componer algo, visualizando los colores, las líneas y recordando los largos e interesantes títulos de las obras de Marinoni”, expresa Britos. “Esos títulos me recordaron los de los viejos ‘foxtrot’ norteamericanos de la década del 30”.
Las aspiraciones no quedaron sólo con estos dos elementos, música y sonido, sino que se buscó otro lenguaje para enriquecer el conjunto: el video-arte. Aquí, se incorpora Orenstein, quien coincidiendo con el contenido de la propuesta realiza ‘Laberintos’, una serie de imágenes, repeticiones y efectos que consiguen realzar más aún y darle otra dimensión al conjunto plástico. La búsqueda interna, la inquietud espiritual, el encuentro con lo desconocido, manifestada a través de esta técnica de video y animación computarizada, se incorpora al imaginario del grupo.
“El encuentro con la obra de ambos, espacios/colores que invitaban a entrar a un laberinto de dimensiones imaginarias y una música donde cada nota proyectaba un color, una forma inesperada, abrió en mí, un nuevo espacio mental, dando lugar a la visualización de ideas en movimiento y con sonido”.
‘Trilogía, imágenes y sonido’, no menciona –por omisión o intención- justamente un tercer elemento: el movimiento. Sin embargo, es éste el factor de enlace, de fusión, entre lo estático de las imágenes, planas o tridimensionales, de Marinoni con la música de Britos. Si bien el trabajo individual habla por sí solo, el grupo logra un nuevo concepto artístico, al lograr fusionar tres experiencias, técnicas y visiones diferentes pero con puntos de intersección. Esta nueva estructura o unidad, tiene detrás a tres artistas uruguayos. Y como dijo Torres-García, no hay en este conjunto elementos que excedan o falten y el objeto –plástico- se forma con esas mismas leyes que dicta o contiene la estructura estética

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