Zapallitos Revueltos

Zucchini relleno de esparragos
Revuelto de Zapallitos

 

Recuerdo cuando empezaba a llegar el calor del verano e íbamos a la Feria, empezaban a aparecer los zapallitos: redondos, brillantes, con la piel de tan finita que, al pelarlos,  te quedaban los dedos todos pringados de verde que daba un laburo infinito sacarse esa película (me acuerdo que recurría hasta al papel de lija para retirarla).  Era cuestión de pelearse con el feriante para sacar los más nuevos, porque éste quería darte los que tenían la cáscara más gruesa (porque no los quería ni Peteco), además los más nuevos pesaban menos y entraban más unidades en un kilogramo.  Llegar a casa, pelar, cortar solo la parte blanco-amarillenta y reservar.  Ir hasta la vuelta de casa, a lo de Amanda, que tenían un árbol de laurel que estaba podado, pero que de testarudo nomás, desde la mitad de su tronchado tronco salían ramas que le formaban como una corona, tupidas de hojas y era un placer juntar tres o cuatro, perfumadas, que cuando tomaban contacto con el aceite caliente impregnaban la cocina de ese especial perfume que hasta hoy me emociona.  Seguir para el almacén y comprar un par de cebollas y media docena de huevos y volver, volver, volveeeer…. Cortar la cebolla, saltaba con el laurel e iba agregando –de a poco- los trozos de zapallitos (para que se fueran impregnando del aceite perfumado). Tapando parcialmente la cacerola para que el jugo de los zapallitos fuera cocinándolos, mientras que los huevos se batían con un poco de queso parmesano rallado, nuez moscada y sal.  Se le agregaba a los zapallitos, se dejaba coagular y listo.  Sin lugar a dudas, este es mi Ratatouille de la infancia.

Esta receta me ha servido de columna vertebral para crear unas cuantas recetas y sigue siendo tan maravillosa la versatilidad de los mismos, que la creación de nuevas, va en proporción directa con la imaginación y las ganas de seguir ensayando.